“Voy a empezar el gimnasio”, fue la consigna para el 2009. Nótese que ya se termina y nunca fui a averiguar en cuál empezar. En realidad, ganas hubo de arrancar y recuperar el peso pluma que tenía hace dos años atrás (con la incorporación de músculos o al menos un abdomen algo marcado, claro está). El gran dilema circulaba en el dinero; siempre me faltaba “cinco para el peso”. Entre cuentas y más cuentas que pagar, por más iniciativa que hubiera, resultaba imposible realizar mi cometido.
No soy gordo, pero diría que estoy algo rellenito. Si tuviera que graficar mi peso diría que incorporé unos flotadores de panza y dos jamoncitos de cachetes. Sólo los más cercanos notaron que engorde algunos kilitos demás, suficiente como para sumar un complejo más a la lista.
Hacer gimnasia no es una actividad a la que le escape, de hecho hubo un tiempo en el que iba bastante seguido y ¡duré más de un año! (hasta tenía una suerte de músculitos).
Debo confesar que nunca fui un as en los deportes, por eso el gimnasio es mi salvación. Sino empiezo en enero de 2010, ¡chau cuerpo! Mientras tanto debo mantener la “dieta” para no aumentar más hasta el nuevo año, pero en las fiestas suele abundar mucha comida de diversa índole, ¿aguantaré la tentación? Ahora sí sueno a un gordito, sniff.