El otro día empecé la odisea del planchado; una gran pila de ropa invadía el sillón del “living” y era hora de despecharla. Mientras rociaba y pasaba la plancha sobre las prendas mi mente empezaba a elaborar un balance del año, luego de mi vida… Interrumpí la labor doméstica por una “fuerza mayor”, por así llamar a la entrevista pautada el día previo, tenía que estar a las 14 horas en Núñez. Me cambié, comí unos sandwiches de jamón y queso y emprendí la caminata hasta la estación de Retiro.
Todo salió bien, debía empezar de inmediato desde mi casa. Era cuestión de volver a enfocar mis neuronas en un trabajo de redes sociales, lo cual no afectó a mi rutina ya que era algo que hacía desde hace un años atrás.
Hoy fue el segundo día de trabajo. No me puedo quejar, se me pasó volando el tiempo. Ya logré que más de cincuenta personas se hicieran “fans” de la página de Facebook del cliente que me asignaron. Todo parece indicar que empecé con el pie derecho, espero que siga así (necesito aumentar mi autoestima, lo tenía por el piso).